Una mujer soñaba con el día de su boda. El momento llegó y para agradecerle a su novio todo el amor y apoyo. Decidió hacerle un regalo super especial.

No siempre es fácil encontrar a esa persona ideal, bien lo sabe Tami Acree. Cuando apenas era una estudiante universitaria, empezó a sentir que ese hombre jamás llegaría.
Tami decidió creer y apostar por el amor de su vida que aún no conocía. Para asegurarse de ello, compró una corbata y la colgó en su pieza. Ahí, ella la podía ver todos los días. La chica recordaba pedir, con el corazón, conocer a su media naranja.

Por mucho tiempo la corbata fue la fuente de inspiración de Tami para rezar y confiar en el plan que tenía Dios para ella.
Pasaron los años y, en algún punto de la ajetreada rutina, la – ahora cargada de sueños e ilusiones – corbata, quedo guardada en algún cajón.
Un regalo más que especial
Tami conoció a Caleb, quien más tarde le pediría matrimonio. En seguida recordó la corbata y pensó que se la regalaría. No con la intención de que la usara para el día de su boda, sino que simplemente porque Tami sintió que le pertenecía a su futuro marido.
El día de la boda, Tami y sus amigas desempolvaron la corbata para dársela al novio… pero, cuando la vieron, todas se emocionaron hasta los huesos: los colores de ella (azul marino, gris y rosada) eran exactamente los colores de toda la decoración de la fiesta.

“Originalmente estaba pensando [la decoración] en menta o amarillo, no fue a propósito. Tuve un momento tan especial con el Señor; Él sabía, incluso antes de que compré esa corbata hace 7 años atrás, que Caleb era el hombre por el que estaba orando y lo orquestó en su tiempo perfecto”, manifestó, Tami Acree.
Lo más emocionante: cuando caminó al altar y vio que su novio llevaba puesta la corbata a la que por tantos años le había orado. Él, y nadie más que él, era el indicado.



