Es increíble como un trabajo, más allá de ser una fuente de ingreso, se vuelve un punto de referencia sobre el cual gira prácticamente todo en nuestra vida.
¿Los has pensado alguna vez?
Por María Luisa Osácar
La realidad es que, si lo pensamos bien, nuestra vida gira en torno a un trabajo desde que somos niños. Recuerdo que de pequeña me decían ¿oye y tu qué quisieras ser cuando seas grande? “Bueno, yo quiero ser doctora”. O quizá otro día respondía: “yo quiero ser periodista”. A la hora de la verdad me convertí en ingeniera y terminé haciendo una carrera en marketing… cosas de la vida.
Transportándome a aquel momento, recuerdo claramente un sentimiento: yo lo que quería era ser alguien importante. No famosa, si no alguien que dejara una huella.
La mayoría de los mortales, como yo, entramos en esa carrera llamada vida laboral, y absortos en la misma, nos convertimos en robots que vamos en automático. Cuando entras en esta ola y te preguntan quién eres, la respuesta es tu título: “Me llamo María Luisa y soy Ingeniera de X empresa o soy Gerente de Mercadeo para tal compañía”.
Definitivamente, el hecho de pertenecer a ese grupo llamado “empresa” es algo que nos da confianza y seguridad, lo cual, no tiene nada de malo.
¿Pero, qué pasa cuando esa realidad que vives se esfuma de un día para otro?
A mi me pasó. La empresa en que laboraba cerró y literalmente de un día para otro quedé sin trabajo. Cosa que no se suponía que fuera a suceder. En fin, todos los planes cambiaron y pasé a ser simplemente María Luisa. Lo admito, fue muy duro.
¿Has pensado qué harías si eso te pasara a ti? Seguramente no, y por eso, en base a mi experiencia, quiero aconsejarte dos cosas:
- Si ese momento llega piensa positivo. Piensa que es para bien y que algo mejor debe venir para ti.

- Prepárate para cuando suceda. No se trata de ser pesimista ni de vivir con miedo. Se trata se ser más fuerte y de conocerte mejor.

Hoy, luego de dos años exactos de estar alejada del mundo corporativo, quiero compartir contigo 4 conclusiones que he sacado del proceso que he vivido.

1- Preocúpate por ser reconocido por quien TU ERES. Deja tu huella siendo tú mismo y siempre, siempre, dando más de lo que debes. No importa cuál sea tu posición.
2- Cultiva tus relaciones, pues las empresas se van, pero hay mucha gente buena en ellas que estarán allí para darte su apoyo y guía si la necesitas. Te sorprenderá.
3- Hoy, en medio de tu estabilidad laboral, piensa qué quieres ser. ¡Error! no pienses en tu próximo cargo: ¡no, no, no! Piensa en quién quieres ser como persona.
Por ejemplo:
“YO QUIERO SER UN AGENTE DE CAMBIO”

Pensando en lo que respondía cuando era niña, cuando no sabía expresar las cosas de forma adecuada, entiendo que siempre lo que quise ser fue un agente de cambio. Hoy me doy cuenta de que es la razón principal por la que escribo y comparto mis ideas.
Al final, se resume en definirte en base a un propósito de vida y no en base a tu posición en tu trabajo actual.
4- Saca tiempo para HACER algo diferente, que vaya acorde con tu identidad, que te defina a ti y que vaya acorde con ese propósito de vida.
Te preguntarás, ¿para qué nos sirve pensar sobre nosotros mismos de esta forma?, que a mí me gusta llamarla “NUESTRA VERSIÓN AUTÉNTICA”
- Nos ayuda a tener una mayor autoestima y a mejorar la confianza en nosotros mismos
- Te permite pasar por procesos de cambio dentro del lugar donde trabajas, sin sentir tanto impacto emocional, pues de alguna manera cortas cierta conexión con la empresa.
OJO, no se trata de no identificarse con la compañía, eso es de suma importancia para tu éxito laboral. Se trata de entender cómo esa “versión auténtica de ti” aporta al lugar donde trabajas, lo cual, a su vez, a ti te da más valor como empleado. Tú creces = tu empresa o trabajo crece.
En fin, ya no me extiendo más. Solo te invito a que reflexiones sobre tu vida:
¿Qué significado tiene? ¿Qué impacto generas? y sobre todo ¿Qué tanto te llena?
Sigue a Malu en su Facebook aquí.
Contágiate con todos los tips que nos brinda en su Instagram. Y por supuesto en su blog.


