Seguro esa es la pregunta del día de hoy. Sí, hoy, porque hoy cumplo 39 años de altas y bajas.
Y bien recuerdo que mi abuela y hasta mi mamá siempre se restaban la edad cuando se la preguntaban. Hasta que ya empezó la memoria a fallar y cumplían la misma edad durante dos años seguidos. Lo escribo y me río.

PorYanina Maruja Maffla Henríquez
Pero les voy a confesar algo, y es que debo decir que se siente mejor que hasta hace 2 años. Tanto así que un conocido me dijo hace poco “tiraste la cédula al piso” y le dije “tengo cero complejos con mi edad, si voy a volver a los veinte o treinta bajos tiene que ser de la mano de todas las cosas que me han pasado en estos años”. Todas esas cosas que hoy día se les llaman “experiencias”.
Yo sí sentí miedo de envejecer a mis 34 ó 35 años, ahora sé que eso estaba más ligado a mi amor propio que a si tengo o no arrugas.
Llegué a los 39 con dos hijos, uno de 10 y otro a un mes de cumplir 12. Me llené de valentía y estoy intentando emprender y si no resulta, intentamos otra cosa pues.
Dejé de inventar excusas y simplemente o no digo nada o digo sinceramente lo que es. Entendí que soy una “librana loca” tal cual me decía mi madre y yo ni lo entendía y menos lo aceptaba. Sí, loca y me tocó entender que no todo el mundo tiene el calibre para enfrentarse a mis demonios, aún así los reviso para mí y hago introspecciones a ver qué requiere mejoras sin perder mi esencia.
Siento que me estoy aburriendo de tanto drama en las relaciones, y quiero decir que todo tipo de relaciones. Sé, lo que merezco, porque sé lo que valgo, y lo que doy; y aún cuando es fácil escribirlo fue y es bien duro de convencerme a mí diariamente de esto. Es un trabajo del día a día del que estoy más consciente que nunca.
Busco paz y ojo no “paz” de morirme como dice una de mis mejores amigas: “ojo con esa paz que pides que luego te ves en una cripta”, hablo de “paz” de tranquilidad. Tengo las agallas de reírme a todo pulmón y decirle a mi hijo cuando me pide silencio. “¿Por qué? Si esto me hace feliz”. Se siente la suficiente confianza de decirle a alguien que me gusta o escribirle si me nace y si no, no.
Me siento con el aplomo de ir a los restaurantes solo conmigo y disfrutar de un buen vino y una buena cena, llego a entrenamientos físicos sin conocer a nadie y le hablo al primer ser humano que tengo a lado. Hago mi acto de aparición como “rockstar” a los eventos vestida bien casual y en lo que menos pienso es en dónde están las de veinte o treinta bajos porque no las veo como una amenaza y esto no lo digo desde mi ego. Es que las de 39 estamos claritas de qué no queremos más y aprendimos que lo que no nos mata nos hace más fuertes.
Bailo como si el mañana no existiera, no es cierto que vaya a dejar a mis hijos sin mi compañía para pasarla mal. Tengo cero remordimientos de no ir a alguna práctica o juego de los niños por ir a mis compromisos o agarrar un avión sin ellos porque sé que he aprendido a balancear. Tanto así que uno de mis hijos me dijo “me encanta verte hacer algo que te hace feliz”. Lo mejor de todo es que en seis años si Dios me lo permite entraré a alguna discoteca vestida “bien casual” y bailaré hasta el piso con mi hijo mayor, bueno conociéndolo, yo bailaré y él sólo me verá redoblando los ojos y luego esperaré un año nueve meses más al menor, porque a ese sí le gusta “pasar pena” como a mí.
Como dice un conocido: “Este es uno de tus mejores momentos” y es que mis 38 años le regalaron a mis 39 mucha confianza.

Feliz cumpleaños, Yani. ¡Gracias por enseñarnos tanto con tus escritos y por contagiarnos de valentía, amor propio y de mucho optimismo!
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