Recuerdo claramente que cuando nació mi primer hijo, sentí un instinto de protección fuertísimo. Esa protección incluía que no le faltase nada, sumado a los deseos de darle lo mejor dentro de mis posibilidades. Sentí siempre que él debía ser mejor que yo y tener una vida mejor que la que me dieron mi padres. Luego conversando con otras madres afines descubrí, que casi todas sentían igual.
Por Oris Palacios – @cuarentidiva

Por supuesto nunca falta una exagerada que mete miedo a las mamas primerizas que se debe “sacar cupo” en los buenos colegios desde que estamos dando a luz; porque de otro modo, mínimo el chico se queda sin colegiatura. Pues les comento, a pesar de ser tan joven, en esa moda no entré yo.
Hablando con mi flamantisimo (mi esposo) dije, no voy a caer en esa locura, ya veremos paso a paso lo que este disponible cuando le toque. Así fue, sin tener ningún privilegio, ni ayudada por nadie, conseguí para él, la matrícula en el colegio que consideramos era el mejor que pudimos darle. Por supuesto, sí me «descocoté» comprando todos los mejores útiles, libros y todo lo que pedían en la larga lista que nos dieron.
Creo que dos meses antes ya estaba todo listo forrado y etiquetado, jajajaja que barbaridad y recuerdo claramente que si me hacía falta aunque fuera un lápiz, me estresaba casi casi al punto de taquicardia, como si se fuese acabar el mundo.

Ha pasado el tiempo y ha corrido mucha agua bajo los puentes. He aprendido a ser comedida, pausada, pensativa y observadora, además de madura y entendida de la vida. Las pérdidas de todo tipo, son golpes que ayudan a ajustar en su medida los momentos y entender qué es lo realmente urgente y que no.
Luego nació mi segundo hijo y seguimos con nuestra práctica de tener todo para ambos, con la diferencia de que este era otra niño con diferente gustos y preferencias y además poco exigente, si le tocaba heredar útiles, uniformes u otros artículos varios de su hermano. Él era feliz y nuestro bolsillo también; allí entendí que se puede ahorrar en algunas cosas para ambos y que igualmente quedaban armados para inicio escolar.
Con los años llegó mi tercera hija, esto era la bomba, porque luego de dos varones, comprar cosas para niñas es otra cosa, pero aún así a ella tampoco le molestaba en absoluto heredar algo que hubiese sido de sus hermanos, nunca ha sido una niña que exija a menos que realmente sienta que es una verdadera necesidad.
Ejemplo: yo vuelta loca con los lazos, coletas y binchas bellisimos, igual que lápices, borradores y plumas, algunos costosos y ella los perdía y ni se enteraba, yo furiosa, entendí que podía igual comprarle lazos y útiles de algunos centávos y se iba ver igual de linda, aunque se perdieran me dolía menos.
No se crean, yo sigo dándole a los 3 el “sermón de la montaña”, sobre la consideración y valoración de lo que se tiene, a través del cuido.
Pero ya con tres hijos la carga escolar se hizo bastante pesada y notaba que en ocasiones llegaba el inicio de clases y yo aún estaba en la lucha para comprar algunos libros y útiles multiplicado por tres, ya no eran de la mas altísima calidad y los de moda.
Ahora eran los que mi bolsillo podía pagar para hacer frente a los 3 por igual. Pero sentía que emocionalmente me afectaba, me preocupaba, no dormía, estaba nerviosa.
Luego de meditaciones, conversaciones haciendo catarsis y con la divina sabiduría que trae la madurez…

Entendí que no puedo dejarme llevar por los estreses que ejercen terceras personas, ni por presiones que a veces ejercía el colegio o algunas docentes.
Los útiles escolares no todos se van a usar la primera o segunda semana de clases, es cierto que es preferible tener todo listo para cuando llegue el momento de necesitarlos, pero si no es así, ningún niño se va quedar analfabeta o fracasará la materia, y en todo caso si ocurre alguna emergencia, hay maneras de conseguir el material mientras tanto, para que pueda seguir a la par del resto de la clase.
¡Ojo!, no estoy de ninguna manera justificando un acto de frescura, en el que incurren algunos (que los hay), y que debido a esto los chicos empiezan a pasarla mal porque sus padres no se han sabido planificar como deberían, o a veces tienen el dinero, sin embargo les falta el interés y encima no les importa.
Lo que digo es que, en todas las casas de clase media trabajadora, por supuesto que hay gastos, y a mayor número de hijos, mayores esos gastos, la colegiatura es uno de los mas altos. Sin embargo, si uno divide ese gasto, y coincide con la entrada a clases no pasa nada, los colegios (y más en los tiempos que corren) entienden que no es necesario ejercer presiones porque los padres responsables cumpliremos con el compromiso de todo lo que haya que comprar. Pero no todos pueden con la misma velocidad, los artículos llegan en algún momento. Importante tener presente que no se debe quitar el dedo del rubro hasta que se cumpla con la totalidad.
La pandemia ha cambiado muchas cosas, en la mayoría de los países a nivel mundial los chicos están dando clases desde casa, que implica tener mejor tecnología pero menos número de útiles, y algunos colegios hasta han implementado el uso de libros virtuales.
Como para todo en la vida, ante situaciones reales e importantes, lo mejor es hacer una pausa y ver como podemos resolver de una manera práctica y eficiente.
Las madres también nos empoderamos y ayudamos mucho entre si, uno de los beneficios de estar todas en la misma situación es que sentimos empatía y siempre hay tendencia a ayudar a la que en algún momento se encuentre en apuros.
El tomarlo con calma no significa falta de intereses, significa que no le estamos dando cabida a estreses innecesarios que pueden ser facilmente resueltos sin apuros.
En fin, como diría una buena amiga española: “En esta vida se puede hacer todo sin prisa pero sin pausa”.


